
Que alguien te rechace por ser quien eres duele de una forma muy particular. No es el tipo de dolor que pasa en unos días. Se instala, cuestiona cosas que pensabas que ya tenías claras, y a veces hace que te preguntes si algo en ti está mal, aunque sepas racionalmente que no es así.
El rechazo por ser gay, bi, trans o cualquier parte del espectro LGBTQ+ no es una experiencia que debas superar solo/a, ni tampoco minimizar. Es una herida real. Y lo que sientes —tristeza, rabia, confusión, agotamiento— tiene sentido completo.
Este artículo no pretende darte una lista de pasos mágicos para dejar de sentir. Pretende acompañarte a entender qué te está pasando, darte herramientas concretas para protegerte, y recordarte que hay formas de salir de ese lugar más oscuro.