
Ya tomaste la decisión. Ya elegiste al especialista. Ya tienes la cita agendada. Y ahora hay una especie de nerviosismo tranquilo — o no tan tranquilo — que no desaparece del todo. ¿Qué me va a preguntar? ¿Tengo que contar todo desde el principio? ¿Y si me emociono o me bloqueo?