Logré desahogarme y poder contar mis problemas sin temor a ser juzgado. Siempre desde una postura imparcial.
Me sentí muy agusto, el espacio es seguro y de mucha tranquilidad. He podido liberar muchas cargas y soltar poco a poco el control de todo.
Aprendí a identificar que pensamientos son útiles para mi. Si me llevan a cumplir o no mis objetivos.