
Las decimos sin pensar. Se las decimos a otros para animarlos y nos las repetimos a nosotros mismos para exigirnos más. Frases que suenan inofensivas, incluso sabias, pero que por dentro minimizan lo que sentimos, nos cargan de culpa o nos empujan a fingir que todo está bien cuando no lo está.
El lenguaje moldea cómo nos relacionamos con nuestras emociones. Y algunas frases que heredamos como verdades terminan haciéndonos más difícil pedir ayuda o simplemente sentir lo que sentimos.
Aquí verás quince frases cotidianas que parecen normales pero pueden afectar tu salud mental, por qué lo hacen y qué decir en su lugar. No para vigilar cada palabra, sino para notar cuándo el lenguaje nos aleja de lo que de verdad necesitamos.