
Son las dos de la mañana y tu mente sigue en reunión. Repasas esa conversación de hace tres días, ensayas discusiones que nunca ocurrirán, analizas un mensaje palabra por palabra. Sabes que no lleva a ningún lado... y aun así no puedes bajarle el volumen.
Sobrepensar —dar vueltas y vueltas a lo mismo sin llegar a una solución— es agotador, y muchas veces se confunde con "reflexionar" o "ser precavido". Pero pensar mucho no es pensar bien. La rumiación mental no resuelve: desgasta.
Aquí vas a encontrar por qué sobrepensamos y varias técnicas respaldadas por la psicología para frenar el bucle y devolverle algo de calma a tu mente.