
Existe la idea de que la terapia es para cuando ya no puedes más, para las crisis, para "los casos graves". Y esa idea hace que mucha gente aguante durante años algo que un acompañamiento profesional podría aliviar mucho antes.
La verdad es más simple: no necesitas estar en crisis para ir a terapia. Igual que no esperas a tener una fractura para cuidar tu cuerpo, no tienes que tocar fondo para cuidar tu mente.
Aquí verás diez señales de que podrías beneficiarte de la terapia, y lo más importante, qué ganas concretamente en cada caso. No como diagnóstico, sino como una invitación a considerarla antes de que las cosas se sientan insostenibles.