Cómo entendí que no creía en los logros de mi exitosa carrera
Tabla de contenidos
- “Me ascendieron por lástima”: la mentira que se creyó
- El día que casi renuncia
- Terapia: desmontando la farsa
- La revelación que cambió todo
- De impostora a mentora
- Lecciones para otras profesionales
Alexandra Gutiérrez, una ejecutiva de 36 años en Pereira, revisa por tercera vez la presentación que mostrará en la junta directiva de la concesionaria de autos donde trabaja. Aunque dirige un equipo de 40 personas y ha superado las metas de ventas por seis trimestres consecutivos, un pensamiento la atormenta: “En cualquier momento se darán cuenta de que no soy lo suficientemente buena para esto”.
Lo que nadie sabe es que esta mujer, admirada por su disciplina y resultados, vive con un secreto paralizante: está convencida de que su éxito es un error que pronto será descubierto.
“Me ascendieron por lástima“: la mentira que se creyó
Alexandra comenzó en la empresa como asistente de ventas a los 24 años, recién graduada y con su primer hijo en brazos. “Llegaba al trabajo con manchas de leche en la blusa y ojeras profundas, pero cumplía mis metas“, recuerda. Cada ascenso —a coordinadora, a gerente, y finalmente a directora regional— lo atribuía a la compasión de sus superiores. “Pensaba: ‘Este hombre me da oportunidades porque sabe lo difícil que es ser madre soltera’, nunca por mi talento“.
El síndrome del impostor se manifestaba de formas sutiles pero destructivas:
- Sobrecarga laboral: Trabajaba hasta altas horas para “compensar” su supuesta incompetencia
- Autosabotaje: Rechazaba elogios con frases como “Fue suerte” o “El equipo lo hizo todo”
- Ansiedad pre-juntas: Practicaba discursos decenas de veces, segura de que improvisar la delataría
El día que casi renuncia
El punto crítico llegó cuando el CEO la felicitó públicamente por un récord histórico de ventas. “En lugar de alegrarme, sentí pánico. ¿Y si el próximo trimestre no lo logro? ¿Y si me piden una estrategia que no puedo crear?“, confiesa en su primera sesión en SELIA. Esa noche, escribió una carta de renuncia que su esposo interceptó. “Me dijo algo que me rompió: ‘No les estás haciendo un favor trabajando aquí. Te pagan porque lo vales‘”.
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Terapia: desmontando la farsa
En SELIA, la psicóloga usó estrategias específicas:
1. La técnica del currículum emocional
- Listar no solo logros laborales, sino sacrificios personales (noches sin dormir estudiando, días sin ver a sus hijos)
- Comparar su trayectoria con la de colegas hombres que no dudaban de su lugar
2. Entrevista a su yo pasada
- Escribir una carta a su yo de 24 años, preguntándole: “¿Crees que alguien asciende por lástima durante 12 años?“
3. El experimento del fraude
- Durante una semana, anotar cada vez que anticipaba ser “descubierta” y luego registrar el resultado real (nadie la cuestionó)
La revelación que cambió todo
Al revisar sus evaluaciones de desempeño, descubrió un patrón: sus jefes siempre destacaban las mismas habilidades que ella menospreciaba:
✔️ Capacidad para motivar equipos
✔️ Intuición comercial para captar tendencias
✔️ Resiliencia bajo presión
“Fue como si durante años hubiera estado leyendo mal mi propio historial“, admite.
De impostora a mentora
“Mis hijos ya no me escuchan decir ‘Es que tengo suerte’. Ahora les digo: ‘Mamá trabaja duro y por eso logra cosas’“, sonríe.
Lecciones para otras profesionales
Su historia enseña que:
- El síndrome del impostor afecta especialmente a mujeres en campos masculinos
- Cuanto más alto asciendes, más fuerte puede ser la voz que dice “No mereces esto“
- Reconocer tus logros no es arrogancia, es justicia contigo misma
En SELIA recordamos que dudar ocasionalmente es humano, pero sufrir por tu éxito es una distorsión que puede tratarse. Como dice Alexandra: “Aprendí que si fuera realmente una impostora, no me preocuparía tanto por hacerlo bien“.
Si te identificas con esta historia, busca ayuda. La terapia puede enseñarte a celebrar tus méritos con la misma intensidad con que hoy cuestionas tu valor. Porque como descubrió nuestra protagonista: la única persona que necesita convencerte de que mereces estar donde estás, eres tú misma.
*La historia ficticia retrata los cientos de casos de pacientes de SELIA, en la búsqueda de formar conciencia con compasión en la sociedad.






