Cómo las crisis existenciales casi me ahogan en un vacío
Tabla de contenidos
- El vacío heredado: abandono paternal como semilla de la crisis
- Síntomas de un alma en llamas
- Terapia: pintando nuevas realidades
- Los colores del progreso
- Lecciones para otros Alejandro
Alejandro Gutiérrez, un estudiante de Artes Plásticas de 23 años en Medellín, solía encontrar en los lienzos el consuelo que el mundo le negaba. Pero hace dos años, durante una clase, una pregunta inocente de su profesor —”¿Qué quieres decir con tu obra?“— detonó una tormenta interna. “De repente todo me pareció absurdo. ¿Para qué pintar si el universo es infinito y nosotros apenas un suspiro?“, confiesa con los ojos vidriosos en su primera sesión en SELIA.
Lo que comenzó como profundidad filosófica típica de artistas, se convirtió en un laberinto mental donde cada pregunta sin respuesta le robaba pedazos de su voluntad para vivir.
El vacío heredado: abandono paternal como semilla de la crisis
La separación de sus padres cuando Alejandro tenía 15 años dejó cicatrices más profundas de lo que creía:
- Su padre reconstruyó su vida con nueva familia en Pereira
- Las visitas mensuales se volvieron trimestrales, luego desaparecieron
- Su madre, Amparo, compensaba con sobreprotección (“Era como si respirara por los dos”)
“En mis peores noches, me preguntaba si mi papá me abandonó porque yo era un error existencial. Luego esa duda se expandió a todo: ¿Por qué existimos? ¿Mi arte importa?“, relata. Sus cuadernos de bocetos se llenaron de frases angustiadas entre los dibujos: “¿Hay algún dios o solo pintamos sobre el vacío?“
Síntomas de un alma en llamas
La crisis se manifestó de formas alarmantes:
- Dejó de asistir a talleres de pintura (“Nada tiene sentido“)
- Dormía 14 horas seguidas o pasaba noches en vela filosofando
- Contestaba a su madre con frases como “¿De qué sirve que me preguntes cómo estoy?“
El punto de quiebre llegó cuando Amparo lo encontró llorando frente a un lienzo en blanco. “Me dijo ‘Hijo, no necesito que encuentres el sentido del universo. Solo quiero que encuentres el tuyo‘”. Esa noche buscó ayuda profesional.
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En SELIA, el psicólogo especializado usó enfoques innovadores:
1. Terapia de aceptación existencial
- Ejercicio “El observador cósmico”: Imaginar su vida desde la perspectiva de las estrellas para relativizar angustias
- Cuestionar no sus preguntas, sino su necesidad de respuestas absolutas
2. Reconstrucción narrativa
- Crear una biografía gráfica donde reinterpretaba su historia (incluyendo el abandono) como capítulos, no como definición
- Usar el arte para expresar preguntas en lugar de sufrirlas (su serie “Interrogantes en acrílico” ganó mención honorífica)
3. Reconexión con lo pequeño
- Lista diaria de “pequeños sentidos”: el aroma del café que preparaba su madre, la textura del óleo bajo sus dedos
- Voluntariado enseñando arte a niños en situación vulnerable (“Sus preguntas ingenuas me recordaron la belleza de no saberlo todo”)
Los colores del progreso
A seis meses de terapia, Alejandro muestra cambios profundos:
- Retomó su tesis de grado: una instalación sobre la fragilidad humana
- Estableció límites saludables con su padre (“Ya no espero que llene mis vacíos existenciales“)
- Aprendió a contener sus espirales filosóficos con técnicas de grounding (moldeando arcilla mientras respira profundamente)
“Ahora veo mis crisis como olas: sé que vendrán, pero también que pasarán. Y a veces traen consigo ideas para mis mejores obras“, reflexiona mientras muestra los bocetos de su nueva colección.
Lecciones para otros Alejandro
Su historia enseña que:
- Las preguntas existenciales no son enemigas, pero obsesionarse con respuestas absolutas sí puede serlo
- El arte puede ser tanto síntoma como cura para el dolor filosófico
- A veces el sentido no se “encuentra”, se construye en actos cotidianos
*La historia ficticia retrata los cientos de casos de pacientes de SELIA, en la búsqueda de formar conciencia con compasión en la sociedad.




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