Cómo poner distancia emocional sin romper vínculos y cuidar tu bienestar
Tabla de contenidos
- ¿Qué es la distancia emocional?
- ¿Por qué es fundamental crear esa distancia?
- Los beneficios de practicar la distancia emocional
- ¿Cómo se logra en la práctica?
- Distancia no es indiferencia
- El papel de la salud mental en este proceso
- Ejercicios para entrenar la distancia emocional
- Una invitación a poner límites
El psicólogo Walter Riso lo plantea con una frase que resuena como una advertencia y, al mismo tiempo, como una guía: “Cuando una persona te trata mal y te ignora, tienes que alejarte de ella, pero sin salir por la puerta”. No significa huir, ni romper el vínculo de inmediato, sino aprender a proteger lo más valioso que tenemos: nuestra salud mental.
Pero ¿qué es exactamente esta distancia emocional? ¿Por qué es tan relevante hoy en día? ¿Y cómo puede ayudarte a tener una vida más tranquila y plena?
¿Qué es la distancia emocional?
La distancia emocional es la capacidad de mantener una frontera interna con quienes nos rodean, especialmente cuando sus actitudes o comportamientos son dañinos para nuestra paz mental. No es cortar la relación ni volverse frío, sino aprender a regular cuánto de lo que hace o dice el otro dejamos que nos afecte.
Es, en pocas palabras, el arte de permanecer cerca físicamente sin entregarle a esa persona el control de nuestras emociones. Y aquí hay un matiz muy importante: no se trata de ser indiferente, sino de poner límites invisibles que resguarden tu bienestar.
Piénsalo así: ¿cuántas veces has estado en una conversación donde alguien te hiere con sus palabras, y tu mente se queda atrapada dándole vueltas durante horas? La distancia emocional es el antídoto contra ese bucle.
¿Por qué es fundamental crear esa distancia?
El desgaste emocional no se nota de inmediato. Llega en forma de cansancio crónico, insomnio, ansiedad, baja autoestima e incluso síntomas físicos como dolores musculares o problemas digestivos. Y todo eso puede tener un origen común: no poner límites.
Riso lo explica con claridad: no se trata de dejar de querer, sino de aprender a quererse a uno mismo primero. Estar demasiado expuesto a comportamientos dañinos nos debilita, mientras que el distanciamiento nos devuelve fuerza y autonomía.
Pregúntate: ¿estás cargando emociones que no te corresponden? ¿Vives atrapado en los vaivenes del humor de otra persona? Si es así, tal vez ha llegado el momento de dar un paso hacia ti mismo.
Protege tu autoestima. Al marcar límites, envías un mensaje claro: tu valor no depende de la aprobación o del maltrato de otros.
- Reduce la ansiedad y el estrés. No te enganchas a discusiones interminables ni a la necesidad de justificarte todo el tiempo. Tu mente descansa.
- Favorece la claridad mental. Al tomar distancia, piensas con más calma y objetividad, sin que la emoción del momento te nuble.
- Fortalece tus vínculos. Paradójicamente, cuando no estás a la defensiva ni esperando el siguiente golpe emocional, puedes relacionarte desde un lugar más sano.
- Impulsa tu autonomía. Dejas de reaccionar automáticamente a lo que hacen los demás y recuperas el control sobre ti.
¿Cómo se logra en la práctica?
Decir “tengo que poner distancia” suena más fácil de lo que realmente es. La práctica requiere constancia y, sobre todo, decisión. Aquí algunos pasos que pueden ayudarte:
Reconoce lo que te hace daño
El primer paso es identificar con honestidad qué situaciones o personas drenan tu energía emocional. No siempre es fácil admitirlo, sobre todo cuando se trata de alguien muy cercano.
Establece límites internos
No todos los límites se expresan en voz alta. Algunos se construyen dentro de ti. Por ejemplo: decidir no engancharte con provocaciones, no discutir lo que ya sabes que no cambiará, o no asumir responsabilidades que no son tuyas.
Cambia la perspectiva
Walter Riso recomienda algo clave: “Aprende a observar el maltrato desde fuera, como si no fuera contigo”. Esa mirada externa le resta poder a la acción de la otra persona.
Refuerza tus recursos emocionales
La distancia no se sostiene sola. Necesita que cultives actividades que te den bienestar: ejercicio, meditación, escritura, terapia psicológica, o cualquier práctica que te ayude a reconectar contigo.
Aprende a soltar
No siempre podrás cambiar a los demás. Lo que sí puedes cambiar es tu manera de responder. Soltar no significa abandonar, sino no dejar que el peso ajeno se convierta en tu carga.
Distancia no es indiferencia
Muchos temen que poner distancia emocional sea un acto de frialdad o de egoísmo. Pero en realidad, es un acto de amor propio. No se trata de dejar de sentir, sino de regular cuánto permites que te afecte el comportamiento ajeno.
De hecho, en muchos casos, esta distancia puede salvar una relación. Cuando uno deja de reaccionar de manera impulsiva y se coloca en un punto de mayor serenidad, la dinámica cambia. Se abre espacio al diálogo, a la calma y a la construcción de vínculos más sanos.
¿Y si, en lugar de sentir culpa por protegerte, comienzas a verlo como un acto de responsabilidad contigo mismo?
El papel de la salud mental en este proceso
La capacidad de crear distancia emocional está íntimamente ligada a tu fortaleza psicológica. Una mente cansada, cargada de ansiedad o estrés, difícilmente podrá sostener ese límite interno. Por eso, muchas veces, la ayuda profesional es clave.
Acudir a terapia no es un signo de debilidad, sino de madurez. Es reconocer que no tienes por qué hacerlo todo solo. Un psicólogo puede ayudarte a identificar patrones dañinos, a establecer estrategias de autocuidado y a fortalecer tu capacidad de regular emociones.
En SELIA cuentas con dos herramientas fundamentales para acompañarte en este camino:
- Conectar con terapeutas y psicólogos en línea de SELIA que pueden orientarte paso a paso.
- Participar en programas especializados de SELIA que te ofrecen estrategias prácticas para mejorar tu salud emocional.
Ejercicios para entrenar la distancia emocional
Para que esta reflexión no quede solo en teoría, aquí algunos ejercicios sencillos que puedes comenzar a aplicar:
- El diario de emociones. Durante una semana, anota qué situaciones te alteran y qué nivel de impacto tienen en tu día. Verlo por escrito ayuda a detectar patrones.
- Respiración consciente. Antes de reaccionar a un comentario hiriente, respira profundo tres veces. Ese segundo de pausa puede cambiar la forma en la que respondes.
- La técnica del observador. Imagina que eres un espectador de la escena. Pregúntate: ¿qué consejo le daría a alguien que veo pasando por lo mismo?
El mantra personal. Crea una frase corta que refuerce tu distancia emocional, como: “Lo que el otro hace, habla de él, no de mí”. Repite esa frase cuando sientas que pierdes el control.
Una invitación a poner límites
La distancia emocional no es un muro. Es un puente hacia el equilibrio. Un recordatorio de que no tienes que cargar con lo que no te corresponde.
Pregúntate hoy: ¿a quién le estás dando demasiado poder sobre tus emociones? ¿Qué pasaría si aprendieras a poner un límite invisible, sin romper la relación?




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