El síndrome del impostor: cuando el éxito no basta para creérselo
Tabla de contenidos
- ¿Qué es el síndrome del impostor?
- ¿Por qué surge? Causas y factores de riesgo
- “Pero si tengo pruebas de mi capacidad, ¿por qué no me lo creo?”
- Consecuencias: más allá de la inseguridad
- 5 estrategias para combatirlo (avaladas por psicólogos)
- ¿Es lo mismo que baja autoestima?
- Reflexión final: el impostor no existe
A pesar de los logros profesionales, hay personas que viven con la constante sensación de no merecer sus triunfos. “Cualquier momento alguien se dará cuenta de que no soy tan competente como creen”, piensan. Este fenómeno, conocido como síndrome del impostor, afecta a millones de personas en el mundo, especialmente a mujeres y profesionales altamente cualificados.
Según un estudio publicado en el International Journal of Behavioral Science, cerca del 70% de las personas experimentará este fenómeno al menos una vez en su vida. Aunque no está reconocido como un trastorno psicológico en los manuales diagnósticos, su impacto en la autoestima y la salud mental es innegable.
¿Qué es el síndrome del impostor?
El término fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, quienes observaron que muchas mujeres exitosas atribuían sus logros a la suerte o al esfuerzo excesivo, en lugar de a su propia capacidad.
Quienes lo padecen suelen:
- Minimizar sus éxitos (“fue casualidad”, “tuve ayuda”).
- Temor constante a ser “descubiertos” como fraudes.
- Atribuir el éxito a factores externos (suerte, timing, favoritismo).
- Sobreexigirse para compensar una supuesta “falta de talento real”.
“El síndrome del impostor no discrimina: afecta a estudiantes, CEOs, artistas y científicos por igual”, explica la psicóloga clínica Valerie Young, autora de The Secret Thoughts of Successful Women.
¿Por qué surge? Causas y factores de riesgo
Aunque no hay una única causa, estos factores aumentan su aparición:
1. Perfeccionismo tóxico
La creencia de que “si no es perfecto, es un fracaso” alimenta la idea de que nunca se es lo suficientemente bueno.
2. Educación basada en resultados
Familias que premian solo los logros (no el esfuerzo) pueden generar adultos que vinculan su valía al éxito externo.
3. Sesgos de género y estereotipos
Las mujeres en campos dominados por hombres (STEM, liderazgo) son más propensas a dudar de sus capacidades, según un estudio de Harvard Business Review.
4. Entornos laborales hipercompetitivos
Compararse constantemente con colegas puede exacerbar la sensación de ineptitud.
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La paradoja del impostor es que, incluso con evidencias objetivas (títulos, promociones, reconocimientos), persiste un sesgo cognitivo que distorsiona la autopercepción.
“El cerebro busca confirmar lo que ya cree: si piensas que eres un fraude, solo recordarás los errores, no los aciertos”, señala Young.
Consecuencias: más allá de la inseguridad
Si no se gestiona, este síndrome puede llevar a:
- Burnout (agotamiento por sobrecompensación).
- Evitar oportunidades por miedo al fracaso.
- Ansiedad y depresión ante la presión de mantener la “fachada”.
- Dificultad para aceptar elogios (desviarlos o negarlos).
5 estrategias para combatirlo (avaladas por psicólogos)
1. Normalizar el fracaso como parte del aprendizaje
“Nadie nace sabiendo. Hasta los expertos más reconocidos cometieron errores”, recuerda Young. Llevar un registro de logros (por pequeños que sean) ayuda a contrarrestar el sesgo negativo.
2. Hablar de ello
Compartir estas inseguridades con colegas o mentores suele revelar que no estás solo. Investigaciones de la Universidad de Salzburgo muestran que verbalizar el sentimiento reduce su intensidad.
3. Redefinir el éxito
En lugar de “tengo que saberlo todo”, cambiar a “estoy aquí para aprender”. La psicóloga Carol Dweck lo llama mentalidad de crecimiento.
4. Aceptar elogios sin autosabotaje
En vez de “fue nada”, probar con “gracias, trabajé duro en esto”.
5. Terapia cognitivo-conductual (TCC)
Efectiva para identificar y modificar pensamientos distorsionados (“solo triunfo por suerte”).
¿Es lo mismo que baja autoestima?
No. Una persona con autoestima baja puede creer que no es capaz de lograr algo; quien sufre el síndrome del impostor logra cosas, pero cree que no las merece.
Reflexión final: el impostor no existe




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