Mi búsqueda interminable para encontrar el roommate perfecto
Tabla de contenidos
- “Todo me molesta”: cuando la convivencia se vuelve intolerable
- El orden como armadura emocional
- El círculo vicioso: crítica externa vs. conflicto interno
- Terapia de exposición: aprendiendo a tolerar el caos controlado
- De roommates a compañeros de vida: el cambio de perspectiva
- Lecciones para otros buscadores de roommate perfecto
María Alejandra Torres llegó a Bogotá llena de ilusiones a los 18 años, dejando atrás el tranquilo ritmo de Popayán. Su primer cuarto cerca a la Javeriana parecía ideal, hasta que descubrió que compartiría baño con cuatro estudiantes de medicina. “Volvían a las 3 a.m. y dejaban toallas sucias en el lavamanos“, recuerda con un escalofrío. Así comenzó su peregrinaje por 7 apartamentos diferentes en 9 años.
“Todo me molesta“: cuando la convivencia se vuelve intolerable
Lo que comenzó como quejas justificadas se convirtió en una lista interminable de irritaciones:
- Un roommate que guardaba comida podrida en su habitación
- La chica que usaba su esmalte de uñas sin permiso
- El vecino de cuarto que recibía visitas íntimas sin avisar
“Pensé que al graduarme y trabajar en una entidad importante mejoraría la situación, pero ahora es peor: mis roommates actuales dejan la cocina como zona de guerra“, describe con las manos temblando de frustración.
El orden como armadura emocional
Una experta de SELIA ayudó a María Alejandra a descubrir que su obsesión por la limpieza escondía algo más profundo: “Cuando extrañaba mi casa en Popayán, fregar los pisos me hacía sentir control. Ahora ese mecanismo se volvió contra mí“, explica. Cada migaja en la mesa del comedor le genera la misma ansiedad que sentir nostalgia a los 18 años.
El círculo vicioso: crítica externa vs. conflicto interno
El tratamiento reveló un patrón autodestructivo:
- Idealiza un nuevo espacio
- Encuentra defectos en los roommates
- Se convierte en la “señora de las normas”
- Crea un ambiente tenso
- Huye a otro lugar
“Criticar a los demás era más fácil que enfrentar mi propio miedo al fracaso“, admite después de un ejercicio de introspección.
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El plan terapéutico incluyó:
- ✔️ Dejar un plato sucio en la tarja por 1 hora (luego 3, luego toda la noche)
- ✔️ Prestar una blusa sin exigir que la lavaran antes de devolverla
- ✔️ Permitir que un roommate organizara la sala a su gusto
“La primera vez que alguien movió mis cojines del sofá casi tengo un ataque de pánico“, confiesa. “Pero sobreviví, y eso me dio poder“.
De roommates a compañeros de vida: el cambio de perspectiva
A cuatro meses de terapia, María Alejandra logró:
- ✓ Reducir sus reglas de convivencia de 15 a 3 básicas
- ✓ Organizar una cena semanal donde cocinan juntos
- ✓ Identificar cuando su enojo es por algo real o por sus propios fantasmas
“Ahora veo a mis roommates como personas con hábitos diferentes, no como enemigos que arruinan mi paz“, reflexiona.
Lecciones para otros buscadores de roommate perfecto
María Alejandra comparte lo aprendido:
- La convivencia ideal no existe, pero la tolerable sí
- El conflicto es inevitable, la manera de manejarlo es lo que importa
- A veces el problema no está en los demás, sino en nuestras expectativas
En SELIA recordamos que las dificultades de convivencia suelen ser espejos de nuestros conflictos internos. Como descubrió María Alejandra: “No necesitaba encontrar el apartamento perfecto, sino hacer las paces con la imperfecta que soy yo“.
*La historia ficticia retrata los cientos de casos de pacientes de SELIA, en la búsqueda de formar conciencia con compasión en la sociedad.




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