¿Qué tienen en común Bill Gates y Leonardo da Vinci? Un mismo hábito de productividad que puede cambiar tu cerebro
Tabla de contenidos
- ¿Por qué escribir a mano estimula tanto el cerebro?
- El poder del pensamiento lento
- ¿Qué hacía exactamente Leonardo da Vinci?
- La “Think Week” de Bill Gates
- Lo que dice la neurociencia actual
- ¿Y esto qué tiene que ver con la salud mental?
- Cómo empezar tu propio hábito de productividad reflexiva
- La productividad no es hacer más, sino pensar mejor
- ¿Y si todos tuviéramos una “Think Hour” al día?
¿Sabías que tanto Gates como Da Vinci practicaban una forma intensa de reflexión dirigida a través de la escritura? Lo que hoy llamaríamos journaling, escritura consciente o cuadernos de pensamiento. ¿Te has detenido alguna vez a pensar cómo puede impactar tu mente el simple acto de escribir lo que piensas, lo que sueñas o lo que no entiendes?
Lejos de ser una moda o una recomendación genérica, el hábito de escribir para pensar tiene profundas implicaciones neuropsicológicas. Y entender por qué funciona puede ser el primer paso para transformar no solo tu productividad… sino tu bienestar mental.
¿Por qué escribir a mano estimula tanto el cerebro?
En una era digital, el lápiz y el papel parecen artefactos de museo. Pero la neurociencia insiste: escribir a mano no solo mejora la memoria, sino que activa regiones del cerebro asociadas con el pensamiento crítico, la planificación, la toma de decisiones y la creatividad.
Según el doctor José Luis Ruiz, neurocientífico de la Universidad de Washington, “cuando escribimos nuestras ideas, las organizamos, las miramos desde fuera y les damos estructura. Es como si el pensamiento se hiciera visible y manipulable”. Es lo que Gates llama “pensar por escrito”, y lo que Da Vinci convirtió en arte y método.
¿Y si el secreto para resolver tus problemas no fuera tener más datos… sino procesarlos con calma y lápiz en mano?
El poder del pensamiento lento
En su célebre libro Thinking, Fast and Slow, el psicólogo Daniel Kahneman explica que tenemos dos sistemas mentales: uno rápido, emocional, intuitivo; y otro lento, lógico, reflexivo. La mayoría de nuestros días los pasamos en modo rápido, respondiendo correos, mensajes, tareas inmediatas.
Pero el hábito que comparten Gates y Da Vinci consiste precisamente en forzar momentos de pensamiento lento. Es decir, detenerse, contemplar, anotar dudas, reformular preguntas, dejar que las ideas maduren.
“Pensar no es lo mismo que reaccionar”, dice Gates. Y tiene razón. ¿Cuántas veces has tenido una gran idea en la ducha, al caminar o al escribir? No es coincidencia. Es tu cerebro aprovechando la pausa para reconectar circuitos.
¿Y si te dieras el permiso de no responder todo al instante, sino de detenerte a pensar con profundidad?
¿Qué hacía exactamente Leonardo da Vinci?
En sus más de 7.000 páginas de manuscritos conservados, Da Vinci dejó evidencia de un método asombroso: hacía listas de preguntas, anotaba observaciones sobre la naturaleza, dibujaba mecanismos, reflexionaba sobre arte, ciencia y filosofía, todo en el mismo cuaderno.
Su estilo no era lineal, sino asociativo. Y eso lo obligaba a mantener viva la curiosidad, a regresar a viejas ideas, a pulir conceptos. En otras palabras, convertía la escritura en un laboratorio mental.
“Preguntó por qué el cielo es azul siglos antes de que la ciencia lo explicara”, comenta el neurocientífico Ruiz. ¿Qué nos dice esto? Que la mente que anota sus preguntas se vuelve más atenta, más abierta, más exploradora.
¿Hace cuánto no te sientas a escribir una pregunta sin necesidad de responderla de inmediato?
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La “Think Week” de Bill Gates
Desde 1980, Bill Gates se toma una semana completa, dos veces al año, para aislarse sin distracciones. Se va a una cabaña en el bosque, sin internet, solo con libros, artículos impresos y un cuaderno. Durante esos días, reflexiona, anota ideas, planea estrategias, formula hipótesis.
¿El resultado? Muchas de las decisiones clave de Microsoft surgieron en esas semanas. La “Think Week” se convirtió en un ritual sagrado que aún hoy practica.
“Aislado de lo urgente, puedo pensar en lo importante”, ha dicho Gates. ¿Te imaginas qué decisiones podrías tomar si te permitieras ese espacio?
La escritura, en este contexto, es más que una herramienta: es un acto de higiene mental. Una forma de aclarar el ruido, priorizar, conectar puntos sueltos.
Lo que dice la neurociencia actual
Escribir para pensar activa la corteza prefrontal dorsolateral, zona vinculada a la resolución de problemas y a la regulación emocional. Además, permite externalizar pensamientos intrusivos, reduciendo la ansiedad y mejorando el enfoque.
Cuando escribes, estás obligando a tu cerebro a convertir el caos en orden. Y eso tiene un efecto directo sobre la claridad mental y la capacidad de tomar decisiones.
El doctor Ruiz lo resume así: “La escritura deliberada permite conversar con uno mismo desde una distancia saludable. Es el primer paso para la metacognición”. Es decir, para pensar sobre tus propios pensamientos.
¿Y si usaras el journaling no solo como desahogo, sino como herramienta estratégica para tu vida?

¿Y esto qué tiene que ver con la salud mental?
Todo.
Numerosos estudios han demostrado que llevar un cuaderno de escritura reflexiva reduce los síntomas de ansiedad, depresión y estrés. Mejora el sueño, fortalece la autoestima y favorece la resiliencia emocional.
Además, escribir pensamientos y emociones ayuda a darles forma, a reducir su intensidad y a encontrar nuevos significados.
“Cuando lo escribo, lo entiendo mejor” es una frase repetida en terapia. Porque la palabra escrita convierte lo abstracto en concreto.
¿Y si escribir sobre lo que te agobia fuera el primer paso para dejar de rumiarlo mentalmente?
Cómo empezar tu propio hábito de productividad reflexiva
No necesitas ser Da Vinci ni Bill Gates. Solo necesitas 10 minutos al día, papel y voluntad.
Aquí algunas sugerencias prácticas:
- Empieza por preguntas: ¿Qué aprendí hoy? ¿Qué me inquieta? ¿Qué podría hacer diferente?
- No busques perfección: escribe sin juzgar, sin editar, sin censurar.
- Hazlo a mano: la conexión neurológica es más fuerte que al teclear.
- Revisa lo que escribiste después de unos días: muchas ideas maduran con el tiempo.
- Usa el cuaderno como espejo, no como diario: no se trata solo de contar tu día, sino de entender cómo lo viviste.
¿Y si en lugar de revisar tus notificaciones por la mañana, escribieras tres pensamientos? ¿Cómo cambiaría tu día?
La productividad no es hacer más, sino pensar mejor
En una sociedad obsesionada con la eficiencia, este hábito compartido por dos de las mentes más brillantes de la historia parece contracultural: parar, reflexionar, escribir.
Pero quizá esa sea la nueva forma de ser verdaderamente productivo. No quemarse haciendo mil tareas, sino elegir bien cuáles hacer. No llenar la agenda, sino vaciar la mente. No correr más rápido, sino pensar más claro.
“Un pensamiento escrito vale más que diez pensados y olvidados”, decía un profesor de filosofía.
¿Te animas a probarlo esta semana?
¿Y si todos tuviéramos una “Think Hour” al día?
No hace falta irse a una cabaña. Basta con apagar el celular, cerrar las notificaciones y abrir un cuaderno. Una hora al día —o media— puede marcar la diferencia entre reaccionar al mundo o construirlo.
La escritura consciente no es solo una herramienta de productividad. Es también un acto de salud mental, un espacio de conexión con uno mismo, una forma de cultivar la atención en tiempos de dispersión.
Quizá por eso tantos líderes, artistas, científicos y pensadores lo han practicado a lo largo de los siglos.
Y tú, ¿ya escribiste algo hoy?




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