Sin gimnasio, sin excusas: cómo mantenerse activo cada día con actividades cotidianas
Tabla de contenidos
- 1. Caminar más, pero con propósito
- 2. Estiramientos conscientes en pausas breves
- 3. Limpiar, ordenar y moverse con intención
- 4. Aprovechar el mobiliario para ejercicios exprés
- 5. Practicar respiración activa o movimientos de baja intensidad
- 6. Jugar o moverse con otras personas (y divertirse en el proceso)
- ¿Por qué moverse todos los días importa tanto?
En tiempos en que el sedentarismo se ha convertido en una de las principales causas de enfermedades crónicas y trastornos emocionales, la Organización Mundial de la Salud advierte que no moverse lo suficiente incrementa el riesgo de padecer ansiedad, depresión, diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y obesidad.
“Hacer algo siempre será mejor que no hacer nada”, insisten los especialistas. Y eso es precisamente lo que proponen las nuevas tendencias en salud pública: integrar el movimiento en la rutina diaria, sin necesidad de vestimenta deportiva, sin membresías costosas ni horarios estrictos.
A continuación, te presentamos seis alternativas prácticas para mantenerse activo durante el día, que además de mejorar la salud física, favorecen el equilibrio emocional, la concentración y el buen ánimo.
1. Caminar más, pero con propósito
Caminar sigue siendo una de las formas más accesibles y efectivas de mantenerse en movimiento. No requiere equipamiento especial ni preparación previa. Sin embargo, la clave está en darle un propósito y convertirla en una herramienta real de activación física.
En lugar de buscar el parque más lejano para caminar media hora —una meta que puede ser difícil de sostener todos los días—, los expertos recomiendan multiplicar los pasos integrándolos en actividades cotidianas:
- Bajar una parada antes del destino si usas transporte público
- Usar escaleras en lugar del ascensor
- Hacer recados o compras a pie si la distancia lo permite
- Aprovechar llamadas telefónicas para caminar dentro de casa
“Caminar mientras haces algo más elimina la sensación de que estás perdiendo tiempo y lo convierte en una actividad doblemente productiva”, señalan kinesiólogos. Además, caminar mejora la circulación, estimula el sistema cardiovascular y reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
Consejo extra: Si quieres medir tu progreso, usar una aplicación gratuita de conteo de pasos puede ayudarte a visualizar tu actividad diaria.
2. Estiramientos conscientes en pausas breves
Pasar muchas horas frente a un escritorio o en una misma posición puede tensar los músculos, disminuir la energía y aumentar la fatiga mental. Por eso, implementar breves pausas activas con estiramientos conscientes es una estrategia simple y poderosa.
No se trata de hacer yoga profesional ni de cambiarse de ropa. Basta con dedicar entre 3 y 5 minutos cada 60 o 90 minutos para:
- Girar el cuello suavemente hacia los lados
- Estirar los brazos por encima de la cabeza
- Flexionar las piernas para activar la circulación
- Mover hombros y espalda en círculos lentos
“La pausa activa es un reseteo para cuerpo y mente”, explican fisioterapeutas. Además de reducir la tensión física, mejora el foco mental y disminuye la somnolencia en jornadas largas.
Este hábito es especialmente útil para personas que trabajan desde casa, adultos mayores o quienes cuidan niños y rara vez se detienen a pensar en sí mismos.
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3. Limpiar, ordenar y moverse con intención
Aunque muchas personas subestiman el esfuerzo físico involucrado en las tareas domésticas, lo cierto es que limpiar y ordenar la casa puede ser una excelente oportunidad para mantenerse activo. La clave está en realizar estas actividades con intención y conciencia.
Barrer, trapear, subir y bajar escaleras, mover muebles livianos, tender la cama, regar plantas o limpiar ventanas implican movimientos funcionales que activan distintos grupos musculares y elevan el ritmo cardíaco. Además, tienen un valor simbólico: generan sensación de logro y dominio del entorno.
“Mover el cuerpo mientras ordenas tu espacio tiene un impacto emocional positivo. Te sentís más liviano por dentro y por fuera”, afirman terapeutas ocupacionales.
Consejo práctico: poner música animada puede transformar una tarea monótona en un momento lúdico y motivador.
4. Aprovechar el mobiliario para ejercicios exprés
No hace falta tener mancuernas, colchonetas ni máquinas para activar el cuerpo. Con una silla, una pared y un poco de creatividad, es posible realizar ejercicios funcionales breves desde casa o incluso en la oficina.
Algunas ideas simples:
- Sentarse y levantarse de una silla 10 veces seguidas
- Hacer “lagartijas” de pie apoyando las manos en una pared
- Subir y bajar escalones durante 1 minuto
- Estirarse hacia arriba y tocar la punta de los pies alternadamente
Estos ejercicios de bajo impacto ayudan a mantener la movilidad articular, tonificar suavemente y prevenir el endurecimiento muscular que provoca el sedentarismo prolongado.
“El mobiliario es tu gimnasio oculto. Solo hay que aprender a verlo como una herramienta de salud”, remarcan entrenadores funcionales.
5. Practicar respiración activa o movimientos de baja intensidad
A veces el cuerpo no está en condiciones de realizar actividades exigentes. Ya sea por una lesión, una enfermedad o simplemente un día difícil, es posible mantenerse activo desde una dimensión más sutil pero igual de efectiva: la respiración consciente y el movimiento suave.
Técnicas como el tai chi, el chi kung o la respiración diafragmática guiada activan el sistema nervioso parasimpático, reducen el estrés y promueven una sensación de bienestar general. No es necesario tener experiencia previa.
Incluso movimientos lentos como balancear los brazos, hacer círculos con los tobillos o mover la pelvis en forma de ocho pueden tener un efecto regulador sobre la energía corporal.
“El cuerpo necesita moverse, pero también necesita respirar bien. Las dos cosas están íntimamente conectadas”, explican instructores de prácticas cuerpo-mente.
6. Jugar o moverse con otras personas (y divertirse en el proceso)
La dimensión social del movimiento también cuenta. Bailar, jugar con niños, pasear con un perro, sumarse a una clase grupal o incluso participar en una coreografía de TikTok pueden ser formas de ejercicio físico sin la etiqueta formal de “hacer ejercicio”.
La clave está en que el movimiento no se sienta como una obligación, sino como una fuente de placer y conexión. Estudios recientes indican que las actividades físicas realizadas en grupo o con sentido lúdico tienen mayor adherencia a largo plazo y efectos positivos en el estado de ánimo.
“Moverse no debería ser un castigo. Debería ser una forma de celebrar que el cuerpo está vivo”, concluyen expertos en psicomotricidad.

Más allá del cuerpo, el movimiento tiene beneficios directos sobre el estado mental. Está demostrado que la actividad física regular reduce el estrés, mejora la calidad del sueño, fortalece la autoestima y disminuye los síntomas de ansiedad y depresión.
No se trata de alcanzar un ideal estético ni de cumplir una meta olímpica. Se trata de cuidar el cuerpo como parte del autocuidado emocional. El sedentarismo no solo afecta al corazón o a los músculos: también empobrece la conexión con uno mismo y con el entorno.
Además, las pequeñas acciones sostenidas en el tiempo generan grandes cambios. Subir escaleras en lugar de usar el ascensor cada día durante un mes puede equivaler a horas de ejercicio moderado. Y así con cada hábito incorporado.




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