Alertan de populares dietas que pueden llevar a la depresión
Tabla de contenidos
- La explicación científica: cerebro y nutrientes
- Poblaciones especialmente sensibles
- La inflamación, la microbiota y el ánimo
- Estudios clínicos vs. realidad cotidiana
- Efecto rebote emocional y físico
- Alimentos ultraprocesados y salud mental
- Qué se recomienda para una dieta segura y mentalmente saludable
- Alerta con las dietas “milagro”
- Dietas terapéuticas vs. dietas no guiadas
- Recomendaciones para SELIA y su comunidad
Las dietas restrictivas se han puesto de moda en los últimos años: bajas en calorías, sin carbohidratos, ayunos intermitentes o eliminación de grupos alimentarios enteros. Están presentadas como soluciones rápidas para perder peso, pero estudios recientes han advertido sobre su impacto negativo en la salud mental. Este artículo explora cómo las dietas extremas pueden favorecer la aparición o el agravamiento de la depresión, quiénes son más vulnerables y cómo prevenirlo.
La explicación científica: cerebro y nutrientes
El cerebro necesita combustible: glucosa para energía y grasas esenciales—como los omegas—para mantener la función neuronal. Si restringes esos nutrientes, “las dietas muy restringidas en carbohidratos o grasas pueden cambiar la química del cerebro y deteriorar el funcionamiento cognitivo”.
Además, dietas como las muy bajas en calorías causan déficits de proteínas, vitaminas y minerales claves. Un estudio de la Universidad de Toronto encontró que quienes siguen dietas hipocalóricas reportan mayores síntomas depresivos, especialmente si tienen sobrepeso. Esto puede deberse al “estrés fisiológico” que genera la carencia nutricional.
Poblaciones especialmente sensibles
Algunos grupos son más vulnerables a sufrir depresión por dietas restrictivas:
- Hombres: más susceptibles a síntomas somáticos y emocionales al reducir calorías y nutrientes.
- Personas con sobrepeso: el esfuerzo por adelgazar y la presión social aumentan la frustración y empeoran el estado de ánimo.
- Usuarios de ‘dietas milagro’: con ayuno intermitente, detox, productos sin supervisión profesional. Estas fórmulas, sin guía nutricional, elevan el riesgo emocional y físico.
La inflamación, la microbiota y el ánimo
El vínculo entre lo que comemos y nuestro estado mental es cada vez más claro. Alimentos ultraprocesados o con alto contenido proinflamatorio elevan marcadores como la proteína C reactiva, afectando el cerebro. Lo contrario ocurre con dietas ricas en fibra, omega‑3, antioxidantes y vitaminas del grupo B: se asocian con menor riesgo de depresión.
La psiquiatra Eva Garnika resalta que la dieta mediterránea protege frente a la depresión y reduce la inflamación crónica asociada a alimentos procesados.
Estudios clínicos vs. realidad cotidiana
En entornos controlados, las dietas bajas en grasa o calorías pueden mejorar síntomas de depresión en personas con riesgo cardiometabólico (estudios randomizados). Pero en la vida real, sin supervisión profesional, las personas suelen adoptar restricciones extremas sin compensaciones, generando desequilibrios nutricionales y emocionales .
Efecto rebote emocional y físico
El famoso “efecto yo‑yo”, ciclos de pérdida y ganancia de peso, provoca desgaste emocional, frustración y depresión. Asimismo, dietas como Atkins o cetogénicas, que eliminan grupos alimentarios, pueden agravar déficits de micronutrientes esenciales .
Alimentos ultraprocesados y salud mental
Qué se recomienda para una dieta segura y mentalmente saludable
Las evidencias más consistentes apuntan a la dieta mediterránea como una opción equilibrada, antiinflamatoria y protectora. Incluye:
- Frutas y verduras de colores variados (antioxidantes, vitamina C, folato). Harvard señaló que cítricos reducen el riesgo depresivo en un 22 %.
- Ácidos grasos omega‑3 del pescado azul, frutos secos y semillas.
- Cereales integrales y legumbres (fibra y vitaminas B), esenciales para regular el humor.
- Grasas saludables: aceite de oliva, aguacate, nueces.
- Evitar ultraprocesados y azúcares refinados.
Además, se aconseja:
- Incorporar ejercicio regular, buen descanso y redes sociales sólidas.
- Consultar nutricionistas antes de iniciar una dieta restrictiva, para evitar deficiencias y desequilibrios emocionales .
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Alerta con las dietas “milagro”
Dietas populares sin control profesional—ayunos intermitentes sin supervisión, detox extremos, productos con promesas rápidas—aumentan riesgos hormonales, cardiovasculares y emocionales. No solo por la restricción, sino por la presión que ejercen sobre la autopercepción.
Dietas terapéuticas vs. dietas no guiadas
Mientras que estudios clínicos controlados muestran beneficios de la restricción en contextos específicos, en la práctica popular conducen a déficits, frustración y depresión . Una dieta que funciona en un ensayo no garantiza resultados ni seguridad a largo plazo en la vida real.
Recomendaciones para SELIA y su comunidad
- No inicies una dieta drástica sin acompañamiento profesional.
- Da prioridad a la calidad y variedad nutricional sobre la mera pérdida de peso.
- Observa tus emociones durante el proceso: sentirte ansioso o deprimido puede ser señal de desbalance.
- No te compares con estándares irreales; enfocarse en salud mental y bienestar integral es más sostenible.
- Si la dieta agrava tu ánimo, interrúmpela y busca ayuda.




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