Languishing: cuando no es depresión, pero tampoco es bienestar
Tabla de contenidos
- ¿Qué significa exactamente “languishing”?
- ¿Cómo se siente el languishing en la vida cotidiana?
- ¿En qué se diferencia de la depresión?
- ¿Por qué está aumentando el languishing en el mundo actual?
- El modelo de Keyes: entre el florecer y el languidecer
- ¿Qué consecuencias puede tener vivir en languishing?
- ¿Cómo saber si estás languideciendo?
- Estrategias para afrontar el languishing
- El languishing en jóvenes y adultos
- Convertir el languishing en oportunidad
- Programas de apoyo: una salida estructurada
- Reconocer para transformar
En palabras simples, el languishing es ese “estar apagado” que te roba la motivación y te deja en un punto muerto entre la tristeza y la plenitud. Y aunque no sea lo mismo que la depresión, expertos advierten que este estado puede afectar gravemente tu bienestar si se prolonga en el tiempo.
Un reportaje de El Tiempo lo resume así: “Aunque no es depresión, podría frenar su bienestar”.
¿Qué significa exactamente “languishing”?
El término fue acuñado por el sociólogo Corey Keyes en 2002. Para él, la salud mental no es solo ausencia de enfermedad, sino un continuo que va desde el florecimiento (flourishing) hasta el languishing.
Si el florecimiento es sentir plenitud, energía y propósito, el languishing sería lo contrario: vivir sin motivación, sin entusiasmo, como si tu vida se hubiera puesto en pausa. ¿Te suena?
En El Tiempo lo describen como una especie de limbo emocional, en el que la persona no está mal… pero tampoco bien. Ese estado puede pasar desapercibido porque no genera alarma inmediata, pero desgasta silenciosamente.

¿Cómo se siente el languishing en la vida cotidiana?
Quizás lo reconozcas en frases como:
- “Estoy cansado de todo, pero no sé por qué.”
- “No me siento triste, solo apático.”
- “Las cosas siguen igual… y yo también.”
En términos prácticos, el languishing se manifiesta como:
- Pérdida de motivación: incluso lo que antes te emocionaba ahora parece rutinario.
- Falta de concentración: todo cuesta más, te distraes fácilmente, tu mente divaga.
- Sensación de vacío: no es dolor ni tristeza, es un vacío silencioso.
- Apatía emocional: no reaccionas con entusiasmo ni con tristeza, simplemente con indiferencia.
¿Has sentido que vives en piloto automático? Ese podría ser un signo claro de languishing.
¿En qué se diferencia de la depresión?
Muchos lo confunden, pero hay matices importantes. La depresión suele incluir síntomas más intensos como desesperanza, tristeza profunda o incluso pensamientos de muerte. El languishing, en cambio, no genera un dolor evidente, sino una ausencia de vitalidad.
Sin embargo, no hay que subestimarlo: vivir mucho tiempo en languishing puede aumentar la vulnerabilidad a desarrollar depresión en el futuro. Es como estar en un terreno intermedio donde no se grita ayuda, pero sí se necesita atención.
¿Por qué está aumentando el languishing en el mundo actual?
Vivimos en una época donde la hiperconexión, la incertidumbre laboral y el aislamiento emocional han dejado huellas profundas. La pandemia, por ejemplo, expuso a millones de personas a este estado silencioso: no había tristeza extrema, pero sí un sentimiento generalizado de apatía.
Algunos factores que alimentan el languishing:
- El estrés crónico del trabajo o los estudios, que no explota en crisis pero nunca desaparece.
- La sobrecarga digital, con exceso de información y comparación constante en redes sociales.
- La falta de conexión real, porque pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a personas.
- Rutinas monótonas, que restan propósito y frescura a la vida diaria.
¿Te suena haber sentido ese “apagón” emocional después de semanas de hacer siempre lo mismo? No es casualidad.
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El modelo de Keyes: entre el florecer y el languidecer
Corey Keyes desarrolló un modelo de salud mental de doble vía. Por un lado está la presencia o ausencia de enfermedad mental; por otro, el grado de bienestar.
- Una persona sin depresión pero en languishing carece de bienestar emocional.
- Alguien con depresión puede estar en peor estado, pero la frontera entre uno y otro no es tan rígida.
- El objetivo, según Keyes, es alcanzar el florecimiento: un estado donde hay energía, motivación, propósito y conexión social.
¿Qué consecuencias puede tener vivir en languishing?
Aunque pueda sonar como un estado pasajero, el languishing puede tener efectos profundos:
- Productividad reducida: la falta de concentración impacta en el estudio o el trabajo.
- Relaciones afectadas: la apatía puede alejarte de tus vínculos.
- Bienestar físico deteriorado: dormir mal, comer sin consciencia y moverte menos son consecuencias comunes.
- Mayor riesgo de depresión: permanecer demasiado tiempo en languishing abre la puerta a cuadros clínicos más graves.
En otras palabras, aunque no sea una enfermedad, sí es un llamado de atención.
¿Cómo saber si estás languideciendo?
Pregúntate:
- ¿Últimamente me cuesta sentir entusiasmo por algo?
- ¿Me descubro haciendo lo justo para cumplir, pero sin energía extra?
- ¿Siento que nada cambia, aunque todo sigue funcionando?
Si respondiste que sí, puede que estés en un episodio de languishing. Reconocerlo es el primer paso para salir de ahí.
Estrategias para afrontar el languishing
La buena noticia es que hay maneras de revertirlo. No se trata de una condena, sino de una invitación a reconectar con la vida.
Algunas estrategias:
- Recuperar rutinas de autocuidado: dormir mejor, comer sano y moverte regularmente.
- Reconectar con la creatividad: retomar hobbies olvidados, escribir, pintar, cocinar.
- Practicar mindfulness: observar tus emociones sin juzgarlas puede ayudarte a recuperar claridad.
- Conexión social real: hablar con alguien de confianza, salir con amigos, unirte a comunidades.
- Establecer metas pequeñas: a veces basta con un objetivo sencillo para recuperar motivación.
Si quieres dar ese paso, puedes encontrar acompañamiento en .
El languishing en jóvenes y adultos
Aunque puede presentarse en cualquier edad, el languishing es cada vez más común entre jóvenes adultos. El tránsito entre estudios, trabajo, independencia y búsqueda de propósito puede dejar una huella de apatía.
Pero también aparece en adultos que sienten que la vida se volvió repetitiva y sin brillo. No distingue edades, solo contextos.
Convertir el languishing en oportunidad
Algunos expertos sugieren ver el languishing como una señal, no como un enemigo. Puede ser un llamado a replantear la vida, a priorizar lo que sí importa y a soltar rutinas vacías.
¿Y si esa sensación de apatía fuera la alarma que necesitas para reconectar contigo?
Programas de apoyo: una salida estructurada
Además del trabajo personal, los espacios de acompañamiento son vitales. Contar con programas de salud mental de SELIA diseñados para guiar este proceso puede marcar la diferencia.
Reconocer para transformar
El languishing es, en esencia, un llamado de atención. No es depresión, pero tampoco es bienestar. Es ese lugar intermedio donde puedes quedarte atrapado… o del cual puedes salir con pasos conscientes.




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